
Jerome David Salinger nos inspiró a todos. El Guardíán entre el centeno es (junto a Demian de Herman Hesse), tal vez, el mejor identikit de la adolescencia de todos nosotros. La palabra nunca escrita y la oscura palabra pronunciada en silencio que Salinger conservó a lo largo de toda su vida tuvo su punto final ayer, con la tristísima muerte del legendario autor.
La noticia pega fuerte y duele mucho (¡hasta Perez Hilton lo llora!). Todos los que hemos leído a Salinger hemos aprendido algo de él (llegando al fanatismo radical incluso), y su alcance en términos de cultura popular trasciende cualquier género y categorización; de alguna manera, Salinger es de esos autores que son patrimonio de la humanidad.
Siempre solitario en su taciturno y pequeño hogar en Cornish, New Hampshire, Salinger cerró los ojos por última vez en el día de ayer por causas naturales. Tenía 91 años de edad. El espacio de J. D. Salinger en las bibliotecas es rincón sagrado de las mismas, y teñido de luto hoy, merece un ojeo a modo de homenaje.
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