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Es una lástima que haya que sumarle a una deficiencia en la vista una inaccesibilidad a los libros, dos situaciones que no necesariamente deberían ir juntas. 300 millones de personas ciegas no pueden acceder a los libros por cuestiones de propiedad intelectual. El dato que se maneja es que solamente un 5% de la literatura en braille y en audio es accesible a los ciegos.  

La razón de esta cifra son los derechos de autor. Estos restringen a las organizaciones de ciegos ya que dificultan que los recursos culturales puedan cicrular. Entre estos recursos culturales se encuentra, por supuesto, la literatura. Novelas tan en boga en la actualidad como Harry Potter son difíciles de conseguir para personas ciegas. Tanto las versiones de audio como en braille están reducidas en número y en idioma inglés, lo que dificulta su circulación en otros países.

Si bien en el mundo digital cada vez existen más facilidades a la hora conseguir toda clase de materiales, no sucede lo mismo en el caso de grupos más desfavorecidos como es el caso de los no videntes. El mes pasado se llevó a cabo una conferencia sobre este tema, es decir, sobre el acceso a la lectura de las personas ciegas. Durante esa conferencia se pidió llegar a un tratado internacional en donde se acepten excepciones a los derechos de propiedad intelectual. La Asociación Internacional de Editores rechazó este pedido.

La polémica surge tanto a nivel de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual como de la Unión Mundial de Ciegos. Ambos deberán negociar con el objetivo de lograr una mejor integración de las personas ciegas al mundo de la literatura e incluir, de la misma manera, a otras personas con distintas discapacidades para la lectura.