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Juan Carlos Onetti y "El astillero"

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Antes de leer el libro “El astillero” le pregunté a mi madre qué le había parecido y un poco distraída me dijo: “Me arruinó la vida” o alguna frase por estilo. No recuerdo su respuesta exacta, lo que sí sé es que era una afirmación tan catastrófica como exagerada y que, de todas formas, me es útil como punto de partida para referirme a  Onetti.  A “El astillero” lo leí en un par de días y puedo decir que fue uno de los libros que más me gustó en este último tiempo.

Repasemos: Juan Carlos Onetti es uno de los escritores hispanoamericanos más reconocidos del siglo XX, nacido en Montevideo en el año 1909 y fallecido en Madrid, en 1994. Su primera novela (y una de las más famosas) es "El pozo", publicada en 1939. Onetti fue galardonado con distintos premios a lo largo de su vida como el Premio Nacional de Literatura en 1963 y el Premio Cervantes en 1980.

"El astillero" es una novela de 1961. Según su página oficial la obra cuenta con ediciones en diecisiete idiomas diferentes. La obra se desarrolla en ambientes deteriorados, en una atmósfera de desencanto total y desesperanza. No en vano Onetti es considerado como “el escritor de la angustia”. En “El astillero” se retrata la vida de Larsen, personaje que lleva una vida aislada y de características trágicas.

Una de las tantas maneras en que ha sido interpretada la novela es como una analogía de un país y de un tiempo concreto. Onetti ha dicho al respecto: “Yo he leído más de una reseña sobre un libro mío que se llama "El astillero". Bueno, una de ellas es norteamericana, y entonces se decía que era un testimonio del Uruguay actual; es decir, el astillero, la cosa que se está derrumbando, que no tiene sentido, que es absurda. Yo esto no lo escribí en ningún momento pensando en el Uruguay ni con ánimo profético, simplemente yo creía que se parecía más a la vida humana que a la vida del Uruguay

Está bien. Aceptamos la aclaración. Sin embargo, más allá del “verdadero” motivo que haya impulsado a Onetti a escribir este libro tenemos claro que las lecturas de una obra frecuentemente se desligan de las intenciones de su autor. Se desligan y sin embargo no dejan de ser totalmente válidas. Interpretando la obra desde el lado de su creador, es decir, como una perspectiva de la condición humana, recibimos un panorama bastante pesimista. 

Esta novela culmina el ciclo de tres obras que Onetti desarrolló en su ciudad inventada: Santa María. En esta oportunidad Larsen retorna a la ciudad y se emplea en el astillero de Petrus. Sin embargo, todo es una gran farsa y, conscientemente, Larsen participa y fomenta el juego. Lo único que lo mantiene en pie es el intento de enamorar a la hija de Petrus. Es en el jardín de ella donde se presentan tres lugares bien diferenciados: el estanque, la glorieta y la casa. La glorieta es la más significativa, ya que se encuentra entre las otras dos. Representa la complejidad, la misma en la que se mueve y lucha Larsen, siempre entre un extremo y el otro.

Cito un fragmento de la obra:  “Eran las cinco de la tarde, al fin de un día de invierno soleado. A través de los tablones mal pulidos, groseramente pintados de azul, Larsen contempló fragmentos rombales de la decadencia de la hora y del paisaje... Un olor húmedo, enfriado y profundo, un olor nocturno o para ojos cerrados, llegaba desde el estanque. Al otro lado, la casa se alzaba sobre los delgados prismas de cemento, sobre el alto hueco de oscuridad violácea, sobre pilas de colchones y asientos de verano, una manga de riego, una bicicleta. Bajando un párpado para mirar mejor, Larsen veía la casa como la forma vacía de un cielo ambicionado, prometido; como las puertas de una ciudad en la que deseaba entrar, definitivamente para usar el tiempo restante en el ejercicio de venganzas sin trascendencia, de sensualidades sin vigor, de un dominio narcisista y desatento.”

Este año se cumplen 100 años del nacimiento de Juan Carlos Onetti que, casualmente (o no), coincide con la pérdida física de dos de los poetas más importantes del Uruguay: Idea Vilariño y Mario Benedetti. Ambos escritores pertenecieron, junto a Onetti, a la conocida generación del 45. No olvidemos tampoco la relación que unió de forma bastante intensa e intermitente a Onetti y a Idea Vilariño y que, probablemente, tratemos en algún próximo post.

Si todavía no te has acercado a “El Astillero”, puedes leer aquí las primeras páginas del libro.

Imágenes del post: 
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