
Leí que
Woody Allen publicó este mes
Pura Anarquía, su último libro. No me gusta mucho Woody Allen con su humor de judío sarcástico, depresivo e inseguro. Me aburren un poco las manías exaltadas, las recurrencias y el ver siempre “
humor inteligente”.
No soy un completo entendido de Allen, pero tampoco tengo mucho interés de explorarlo más de lo que lo hice. Puedo decir que he visto una película correspondiente a cada etapa humorística de su carrera cinematográfica, pero siempre me deja con gusto a poco.
Pero no estoy escribiendo del cine de Allen, sino que de su último libro. No lo leí ni voy a leerlo, pero estuve revisando
Internet y encontré dos de los
cuentos (más bien relatos) de los que publica en él:
Así comió Zaratustra (título típico de él) y
Tirar demasiado de la cuerda. Son estilos, es innegable que Woody Allen tiene todo un estilo elaborado, y debemos todos (incluso a los que no nos interesa mucho su estilo) rendirle respeto.
Sin embargo, estos dos relatos me resultaron tan fríos, tan insípidos, dedicados a un público yuppie amante del vino y del golf, pero lector de Allen y con una veta
“intelectual” de distinción.
Ya había leído
Cuentos sin plumas, una
recopilación de Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, Sin plumas y Perfiles. Llegué a la mitad y me di cuenta que estaba perdiendo el tiempo.
No creo que Allen presente algo distinto en Pura anarquía a las cosas que encontré en estos dos relatos.
Sin embargo, es seguro que a su público le va a gustar. Al público de Allen le gusta todo lo que él hace, porque está consolidado, y es natural que así sea. Es así que el dicho reza tan honestamente “hazte fama y échate a dormir”. Woody Allen está durmiendo como un oso.
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Gara
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