vladimir-nabakov.jpgEs una situación muy compleja. Un escritor muere dejando una obra inconclusa. Antes de partir, solicita a su hijo que por favor, destruya esa creación. El hijo es el único que posee la llave del cofre que separa el único manuscrito de la mirada del público y de la ansiedad de los críticos. Todos quieren conocer la obra inconclusa, el hijo no sabe qué hacer.

No, no se trata de la trama de una novela, sino del drama real que aqueja a Dmitri Nabokov, el hijo del prestigioso novelista ruso Vladimir Nabokov, autor de diversas obras entre las cuales se encuentra “Lolita”, un éxito indiscutido.

La novela inconclusa lleva el nombre de “Laura” y desde que el autor falleciera en 1977, se encuentra alejada de la mirada de cualquier lector mas no destruida como fuera la voluntad del mismo. Existe allí un conflicto ético muy difícil de resolver, si negar al mundo de una obra valiosísima por cumplir la voluntad de su autor, o si publicar la obra y vivir con la conciencia intranquila.

Yo creo que lo que hay que definir es a quién pertenece una obra de arte cuando abandona el terreno de las ideas y se materializa en papel, si a su autor o a la humanidad toda; y más importante aún, qué pasa cuando ese autor fallece, ¿de quién es la decisión?

Un problema sin resolución aparente. Un conflicto que nos invita a meditar y a encontrar una simple respuesta personal.

Vía | Revista Ñ